El crecimiento electoral de Movimiento Ciudadano en 2024 abrió disputas internas, ambiciones prematuras y tensiones por el liderazgo. Pero la verdadera batalla política no está dentro del partido, sino en construir una alternativa real frente al sistema de poder que ha dominado Texcoco durante décadas.
En política local hay momentos que revelan con claridad quién está concentrado en construir un proyecto y quién está distraído disputando espacios.
Eso es lo que hoy ocurre en Movimiento Ciudadano en Texcoco.
Después de la elección de 2024, el partido obtuvo la segunda votación más alta de su historia en el municipio. La primera fue con Delfina Gómez en el 2012. Ese dato no es menor. Refleja que por primera vez Movimiento Ciudadano logró colocarse como una fuerza con presencia real en la conversación pública local.
Pero ese crecimiento también detonó una reacción predecible: la ambición interna apareció antes de que existiera una estructura sólida que la sostuviera.
Un resultado electoral inédito
Si se revisa el histórico electoral del partido en Texcoco, queda claro que Movimiento Ciudadano tenía más de doce años sin obtener el nivel de votación obtenido en 2024.
Ese resultado no fue producto de una maquinaria territorial consolidada ni de una estructura partidista fuerte. Fue, sobre todo, el resultado de una candidatura visible, de una narrativa política clara y de una campaña que logró abrirse paso en un municipio donde el poder ha permanecido durante décadas en los mismos grupos.
Hay que decirlo con objetividad: la votación fue más del candidato que del partido Y, DE UN EQUIPO QUE HA RESPALDADO Y SIGUE RESPALDANDO SU POSICIÓN. ASIMISMO, DE GENTE QUE HA CREIDO EN UN PROYECTO NO ESPONTÁNEO SINO DE AÑOS.
Y eso no debería ofender a nadie; debería servir para entender el punto de partida real. Porque una cosa es crecer electoralmente en una campaña y otra muy distinta construir un partido competitivo, disciplinado y con visión de largo plazo.
El conflicto después del crecimiento.
Una vez que Movimiento Ciudadano logró sobresalir electoralmente, comenzaron las disputas internas por encabezar su liderazgo. Y esas tensiones no surgieron solo de integrantes formales del partido, sino también de actores externos o cercanos que vieron en ese crecimiento una oportunidad de posicionamiento personal.
Una de las versiones que se impulsaron desde ciertos grupos fue la idea de que, por la cercanía visual de algunas bardas durante la campaña con propaganda de otro candidato, existía un supuesto acuerdo político. Sin embargo, nunca se presentó una sola prueba seria que sostuviera esa acusación.
Lo que sí hubo fue molestia, frustración y enojo por resultados electorales que no correspondieron a las expectativas de algunos actores. En política, cuando el ego queda por debajo de la realidad de las urnas, con frecuencia aparecen las explicaciones fáciles.
Pero la política seria no se construye con insinuaciones. Se construye con evidencia, estrategia y trabajo.
Las rupturas por posiciones.
También, surgieron diferencias derivadas de aspiraciones personales que no fueron satisfechas. Algunas inconformidades nacieron de la expectativa de obtener espacios específicos de representación dentro de la planilla. Cuando esas aspiraciones no se concretaron, vino una nueva ruptura.
Ese tipo de episodios retrata un problema de fondo: hay quienes conciben al partido como un espacio para repartir posiciones, no como un instrumento para construir una alternativa política real.
Y cuando las decisiones no se toman en función de intereses personales o familiares, sino con base en criterios políticos y de congruencia, el descontento de algunos se transforma rápidamente en conflicto interno.
ES INMADUREZ POLÍTICA PELEAR POR UN LIDERAZGO, HACE PERDER TIEMPO Y DISTRAE DEL OBJETIVO REAL.
El oportunismo como riesgo interno.
A ello se suma un fenómeno todavía más delicado: hay personas dentro de Movimiento Ciudadano que, en los hechos, operan para proyectos políticos ajenos.
No están construyendo partido. No están fortaleciendo una ruta propia para Texcoco. Están utilizando la plataforma naranja como vehículo temporal para posicionar a un liderazgo local que pretende obtener una candidatura, pese a no haber consolidado un proyecto serio, una base auténtica ni una propuesta clara para el municipio.
Eso debe decirse con claridad: usar un partido en crecimiento como trampolín personal no es estrategia política; es oportunismo.
Y el oportunismo tiene una lógica muy simple: acercarse a la plataforma que hoy tiene visibilidad, sin haber hecho antes el trabajo de construir comunidad, identidad, causa o proyecto.
Un partido que apenas comienza a crecer no puede darse el lujo de convertirse en refugio de quienes no tienen convicción, pero sí ambición.
La realidad estructural de Movimiento Ciudadano en Texcoco.
Más allá de nombres y diferencias, la realidad es objetiva. Movimiento Ciudadano en Texcoco aún no es una fuerza consolidada.
Hoy no existe una estructura territorial robusta en todo el municipio. No hay presupuesto suficiente para una operación política permanente. No existen cargos internos verdaderamente institucionalizados con reconocimiento pleno por parte de la dirigencia estatal. Muchas comisiones ni siquiera están consolidadas en funciones reales. No hay remuneración ni aparato estable. Y, además, la preferencia electoral del partido en el municipio ni siquiera rebasa con claridad el 12%.
Eso significa una sola cosa: hay muchísimo más trabajo por hacer del que algunos quieren admitir.
Por eso resulta absurdo desgastarse en disputas por cargos imaginarios, reconocimientos precarios o supuestas cuotas de poder dentro de una estructura todavía incipiente.
La diferencia entre ambición y liderazgo.
Los liderazgos no se forman por la inmediatez de una elección. No nacen por haber aparecido unos meses en campaña. No se consolidan por proclamarse internamente. No se imponen por enojo.
Los liderazgos reales se construyen con trabajo diario, con formación, con estudio, con claridad de postura, con presencia pública, con capacidad para resistir presión y con disposición para dar la cara. Porque dar la cara en política no es sencillo.
Implica enfrentar violencia, descalificación, agresión, furia burocrática y el peso de un aparato político que hoy sigue siendo hegemónico en el municipio. Encabezar una postura crítica tiene costos. Tiene riesgos. Tiene consecuencias.
Y precisamente por eso resulta tan cómodo para algunos resumir todo en una frase vacía: “se vendió”. Venderse tiene resultados y no se ganó.
Pero esa frase se cae sola cuando se confronta con la realidad. Si hubiera habido acuerdos con el poder, tendrían manifestaciones concretas: posiciones de gobierno, nóminas, operadores incrustados, beneficios visibles, estructuras compartidas. Nada de eso existe.
Porque no hay acuerdo. Lo que sí hay es frustración de quienes no pudieron convertir una campaña en patrimonio personal. Para quienes construimos nuestro patrimonio personal con trabajo el dinero no te compra.
La verdadera lucha política.
Quiero decirlo con claridad: la disputa interna no me preocupa. No me define. No me distrae. No es mi prioridad. Porque tengo absolutamente claro con quién es la verdadera lucha política y electoral.
La competencia real no está dentro de Movimiento Ciudadano. No está en quienes pelean por regidurías, cargos simbólicos o cuotas internas. No está en quienes creen que encabezar un partido se reduce a controlar una mesa o administrar un grupo.
La verdadera lucha está frente a un sistema de poder que ha gobernado Texcoco durante décadas, que ha concentrado estructuras, recursos, narrativas y presencia institucional. Ese es el adversario político real.
Mientras algunos siguen enfrascados en una guerra interna pequeña, yo tengo claro que la disputa de fondo es mucho más grande: construir una alternativa seria para Texcoco.
Mi origen y mi convicción.
Mi compromiso con Texcoco no nació en 2024 ni depende de una coyuntura electoral. Amo Texcoco porque lo conozco, porque lo vivo y porque lo traigo en la sangre.
Por eso tengo claro que la política no puede reducirse a la pelea por una candidatura o una posición interna. La política, cuando se asume con seriedad, es una responsabilidad con la historia, con la comunidad y con el futuro.
Movimiento Ciudadano en Texcoco enfrenta una disyuntiva.
Puede convertirse en una fuerza política real, con identidad, trabajo territorial y visión de largo plazo. O puede perderse en ambiciones prematuras, conflictos internos y oportunismos disfrazados de militancia.
Yo tengo claro mi camino.
No estoy aquí para disputar un partido.
No estoy aquí para administrar pequeñas ambiciones.
No estoy aquí para pelear por cargos imaginarios. Ojalá todos lo tuvieran claro.
Estoy aquí para realizar un proyecto de desarrollo y crecimiento por Texcoco. Y esa lucha no se gana en la intriga interna. Se gana con trabajo, con claridad, con convicción.
“Mientras algunos usan al partido como escalón, yo tengo claro que la verdadera lucha es hacer un cambio en la estructura política vieja que hoy gobierna y, que tiene a Texcoco con acribillados, asaltos e inseguridad”.

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