domingo, 8 de marzo de 2026

Movimiento Ciudadano en Texcoco enfrenta tensiones internas tras su crecimiento electoral en 2024. Pero la verdadera lucha política no está dentro del partido: está en construir una alternativa frente al sistema de poder que ha dominado el municipio durante décadas. Por Mtra. Jessica Aguilar




El crecimiento electoral de Movimiento Ciudadano en 2024 abrió disputas internas, ambiciones prematuras y tensiones por el liderazgo. Pero la verdadera batalla política no está dentro del partido, sino en construir una alternativa real frente al sistema de poder que ha dominado Texcoco durante décadas.

En política local hay momentos que revelan con claridad quién está concentrado en construir un proyecto y quién está distraído disputando espacios.

Eso es lo que hoy ocurre en Movimiento Ciudadano en Texcoco.

Después de la elección de 2024, el partido obtuvo la segunda votación más alta de su historia en el municipio. La primera fue con Delfina Gómez en el 2012. Ese dato no es menor. Refleja que por primera vez Movimiento Ciudadano logró colocarse como una fuerza con presencia real en la conversación pública local.

Pero ese crecimiento también detonó una reacción predecible: la ambición interna apareció antes de que existiera una estructura sólida que la sostuviera.

Un resultado electoral inédito

Si se revisa el histórico electoral del partido en Texcoco, queda claro que Movimiento Ciudadano tenía más de doce años sin obtener el nivel de votación obtenido en 2024.

Ese resultado no fue producto de una maquinaria territorial consolidada ni de una estructura partidista fuerte. Fue, sobre todo, el resultado de una candidatura visible, de una narrativa política clara y de una campaña que logró abrirse paso en un municipio donde el poder ha permanecido durante décadas en los mismos grupos.

Hay que decirlo con objetividad: la votación fue más del candidato que del partido Y, DE UN EQUIPO QUE HA RESPALDADO Y SIGUE RESPALDANDO SU POSICIÓN. ASIMISMO, DE GENTE QUE HA CREIDO EN UN PROYECTO NO ESPONTÁNEO SINO DE AÑOS. 

Y eso no debería ofender a nadie; debería servir para entender el punto de partida real. Porque una cosa es crecer electoralmente en una campaña y otra muy distinta construir un partido competitivo, disciplinado y con visión de largo plazo.

El conflicto después del crecimiento.

Una vez que Movimiento Ciudadano logró sobresalir electoralmente, comenzaron las disputas internas por encabezar su liderazgo. Y esas tensiones no surgieron solo de integrantes formales del partido, sino también de actores externos o cercanos que vieron en ese crecimiento una oportunidad de posicionamiento personal.

Una de las versiones que se impulsaron desde ciertos grupos fue la idea de que, por la cercanía visual de algunas bardas durante la campaña con propaganda de otro candidato, existía un supuesto acuerdo político. Sin embargo, nunca se presentó una sola prueba seria que sostuviera esa acusación.

Lo que sí hubo fue molestia, frustración y enojo por resultados electorales que no correspondieron a las expectativas de algunos actores. En política, cuando el ego queda por debajo de la realidad de las urnas, con frecuencia aparecen las explicaciones fáciles.

Pero la política seria no se construye con insinuaciones. Se construye con evidencia, estrategia y trabajo. 

Las rupturas por posiciones.

También, surgieron diferencias derivadas de aspiraciones personales que no fueron satisfechas. Algunas inconformidades nacieron de la expectativa de obtener espacios específicos de representación dentro de la planilla. Cuando esas aspiraciones no se concretaron, vino una nueva ruptura.

Ese tipo de episodios retrata un problema de fondo: hay quienes conciben al partido como un espacio para repartir posiciones, no como un instrumento para construir una alternativa política real.

Y cuando las decisiones no se toman en función de intereses personales o familiares, sino con base en criterios políticos y de congruencia, el descontento de algunos se transforma rápidamente en conflicto interno.

ES INMADUREZ POLÍTICA PELEAR POR UN LIDERAZGO, HACE PERDER TIEMPO Y DISTRAE DEL OBJETIVO REAL.  


El oportunismo como riesgo interno.

A ello se suma un fenómeno todavía más delicado: hay personas dentro de Movimiento Ciudadano que, en los hechos, operan para proyectos políticos ajenos.

No están construyendo partido. No están fortaleciendo una ruta propia para Texcoco. Están utilizando la plataforma naranja como vehículo temporal para posicionar a un liderazgo local que pretende obtener una candidatura, pese a no haber consolidado un proyecto serio, una base auténtica ni una propuesta clara para el municipio.

Eso debe decirse con claridad: usar un partido en crecimiento como trampolín personal no es estrategia política; es oportunismo.

Y el oportunismo tiene una lógica muy simple: acercarse a la plataforma que hoy tiene visibilidad, sin haber hecho antes el trabajo de construir comunidad, identidad, causa o proyecto.

Un partido que apenas comienza a crecer no puede darse el lujo de convertirse en refugio de quienes no tienen convicción, pero sí ambición.

La realidad estructural de Movimiento Ciudadano en Texcoco.

Más allá de nombres y diferencias, la realidad es objetiva. Movimiento Ciudadano en Texcoco aún no es una fuerza consolidada.

Hoy no existe una estructura territorial robusta en todo el municipio. No hay presupuesto suficiente para una operación política permanente. No existen cargos internos verdaderamente institucionalizados con reconocimiento pleno por parte de la dirigencia estatal. Muchas comisiones ni siquiera están consolidadas en funciones reales. No hay remuneración ni aparato estable. Y, además, la preferencia electoral del partido en el municipio ni siquiera rebasa con claridad el 12%.

Eso significa una sola cosa: hay muchísimo más trabajo por hacer del que algunos quieren admitir.

Por eso resulta absurdo desgastarse en disputas por cargos imaginarios, reconocimientos precarios o supuestas cuotas de poder dentro de una estructura todavía incipiente.

La diferencia entre ambición y liderazgo.

Los liderazgos no se forman por la inmediatez de una elección. No nacen por haber aparecido unos meses en campaña. No se consolidan por proclamarse internamente. No se imponen por enojo.

Los liderazgos reales se construyen con trabajo diario, con formación, con estudio, con claridad de postura, con presencia pública, con capacidad para resistir presión y con disposición para dar la cara. Porque dar la cara en política no es sencillo.

Implica enfrentar violencia, descalificación, agresión, furia burocrática y el peso de un aparato político que hoy sigue siendo hegemónico en el municipio. Encabezar una postura crítica tiene costos. Tiene riesgos. Tiene consecuencias.

Y precisamente por eso resulta tan cómodo para algunos resumir todo en una frase vacía: “se vendió”. Venderse tiene resultados y no se ganó. 

Pero esa frase se cae sola cuando se confronta con la realidad. Si hubiera habido acuerdos con el poder, tendrían manifestaciones concretas: posiciones de gobierno, nóminas, operadores incrustados, beneficios visibles, estructuras compartidas. Nada de eso existe.

Porque no hay acuerdo. Lo que sí hay es frustración de quienes no pudieron convertir una campaña en patrimonio personal. Para quienes construimos nuestro patrimonio personal con trabajo el dinero no te compra. 

La verdadera lucha política.

Quiero decirlo con claridad: la disputa interna no me preocupa. No me define. No me distrae. No es mi prioridad. Porque tengo absolutamente claro con quién es la verdadera lucha política y electoral. 

La competencia real no está dentro de Movimiento Ciudadano. No está en quienes pelean por regidurías, cargos simbólicos o cuotas internas. No está en quienes creen que encabezar un partido se reduce a controlar una mesa o administrar un grupo.

La verdadera lucha está frente a un sistema de poder que ha gobernado Texcoco durante décadas, que ha concentrado estructuras, recursos, narrativas y presencia institucional. Ese es el adversario político real.

Mientras algunos siguen enfrascados en una guerra interna pequeña, yo tengo claro que la disputa de fondo es mucho más grande: construir una alternativa seria para Texcoco.

Mi origen y mi convicción.

Mi compromiso con Texcoco no nació en 2024 ni depende de una coyuntura electoral. Amo Texcoco porque lo conozco, porque lo vivo y porque lo traigo en la sangre.

Por eso tengo claro que la política no puede reducirse a la pelea por una candidatura o una posición interna. La política, cuando se asume con seriedad, es una responsabilidad con la historia, con la comunidad y con el futuro.

Movimiento Ciudadano en Texcoco enfrenta una disyuntiva.

Puede convertirse en una fuerza política real, con identidad, trabajo territorial y visión de largo plazo. O puede perderse en ambiciones prematuras, conflictos internos y oportunismos disfrazados de militancia.

Yo tengo claro mi camino.

No estoy aquí para disputar un partido.

No estoy aquí para administrar pequeñas ambiciones.

No estoy aquí para pelear por cargos imaginarios. Ojalá todos lo tuvieran claro. 

Estoy aquí para realizar un proyecto de desarrollo y crecimiento por Texcoco. Y esa lucha no se gana en la intriga interna. Se gana con trabajo, con claridad, con convicción. 

Mientras algunos usan al partido como escalón, yo tengo claro que la verdadera lucha es hacer un cambio en la estructura política vieja que hoy gobierna y, que tiene a Texcoco con acribillados, asaltos e inseguridad”. 







lunes, 2 de marzo de 2026

"CRÓNICA DE UNA MUERTE ANUNCIADA DEL GRUPO POLÍTICO DE HIGINIO MARTÍNEZ EN TEXCOCO" POR MTRA. JESSICA AGUILAR.


Texcoco ha sido gobernado por el mismo grupo político durante más de treinta años. Han cambiado los partidos y los colores, pero no las estructuras de poder. Las encuestas recientes muestran que más del 59% de la población rechaza la continuidad del actual gobierno municipal. 

El municipio mantiene indicadores preocupantes:
- Más del 57% de la población en pobreza extrema o moderada.
- Más de 173,000 personas en condición de rezago social.
- 48% de ciudadanos que considera frecuente la corrupción en el gobierno municipal.
- 143,600 personas con carencias en acceso al agua.
- Índice de Gobierno Abierto por debajo de la media estatal.

Treinta años de continuidad debieron consolidar resultados sólidos. Sin embargo, lo que se consolidó fue una estructura política, no un modelo eficiente de gobierno. La concentración prolongada del poder genera falta de competencia, debilitamiento de contrapesos y una administración orientada a preservar el grupo político antes que a resolver los problemas ciudadanos. El hartazgo social es resultado de experiencias cotidianas relacionadas con inseguridad, servicios públicos deficientes y percepción de opacidad administrativa.

El desgaste político en Texcoco no es producto de una coyuntura electoral aislada. Es consecuencia de la permanencia prolongada de un mismo grupo en el poder durante más de tres décadas. Aunque hayan cambiado partidos, colores o narrativas, las estructuras de decisión se han mantenido bajo los mismos círculos políticos. Es preciso hacer hincapié en factores como: 

1. FATIGA DE PODER Y AUSENCIA DE ALTERNANCIA REAL

Cuando un grupo gobierna durante décadas se genera percepción de monopolio político. La ciudadanía comienza a identificar reciclaje de perfiles, concentración de oportunidades y decisiones tomadas en círculos cerrados. La alternancia formal no ha significado alternancia estructural.

 2. CONCENTRACIÓN ADMINISTRATIVA Y PRESUPUESTAL

La continuidad prolongada permite consolidar redes internas de toma de decisiones, operadores políticos permanentes y control de estructuras partidistas y administrativas. Con el tiempo, la prioridad deja de ser transformar y pasa a ser conservar el control político.

3. RESULTADOS SOCIALES INSUFICIENTES

Más del 57% de la población se encuentra en situación de pobreza extrema o moderada. Más de 173 mil personas presentan rezago social significativo. Existen carencias relevantes en seguridad social, servicios de salud y acceso al agua. Estos indicadores no corresponden a un municipio con más de treinta años bajo la misma conducción política.

4. INSEGURIDAD COMO FACTOR DE DESGASTE

La percepción de inseguridad impacta directamente en la evaluación ciudadana. Cuando la experiencia cotidiana refleja robos, violencia o falta de respuesta institucional, la confianza se erosiona independientemente del discurso oficial.

5. DESCONEXIÓN GENERACIONAL

Texcoco cuenta con una población joven significativa que no vota por lealtades históricas sino por resultados. Las nuevas generaciones demandan transparencia, movilidad eficiente, oportunidades laborales y modernización institucional.

El desgaste político responde a una combinación de permanencia prolongada, concentración del poder, problemas sociales persistentes y percepción de inseguridad. Texcoco enfrenta el agotamiento de un modelo político extendido en el tiempo que requiere renovación institucional profunda.

LA PROPUESTA ESTRATÉGICA DE TRANSFORMACIÓN PARA TEXCOCO DEBERÍA SER: 


1. Seguridad con estrategia y tecnología:
- Profesionalización policial con evaluación pública de desempeño.
- Plataforma digital de incidencia delictiva abierta y actualizada.
- Recuperación de espacios públicos e iluminación estratégica.
- Coordinación metropolitana efectiva en materia de seguridad.

2. Gobierno abierto y rendición de cuentas:
- Presupuesto municipal 100% transparente y accesible en línea.
- Licitaciones públicas transmitidas y auditadas.
- Observatorio ciudadano independiente.
- Eliminación de prácticas clientelares.

3. Desarrollo económico y social sostenible:
- Programa de formalización y fortalecimiento a pequeños comercios.
- Plan integral hídrico con metas medibles.
- Impulso al turismo cultural para ampliar derrama económica.
- Estrategia de movilidad para reducir traslados mayores a dos horas.
- Programa de reducción de brecha digital y acceso a tecnología.

Texcoco requiere alternancia real y rediseño institucional. No se trata de cambiar colores, sino de cambiar la lógica del poder. La elección próxima no debe centrarse en identidades partidistas, sino en capacidad de gestión, transparencia y resultados medibles. Texcoco enfrenta una oportunidad histórica para sustituir un modelo de concentración prolongada por un gobierno ciudadano, moderno y competitivo.

 

domingo, 22 de febrero de 2026

Texcoco 2027: el desgaste político y la fractura entre gobierno y ciudadanía.



El reciente artículo publicado por Contrapapel sobre la encuesta de Rubrum no solo revela números; expone una narrativa política que se ha venido construyendo desde hace meses en Texcoco: el progresivo distanciamiento entre el gobierno municipal y una ciudadanía que exige resultados concretos en seguridad, servicios públicos y calidad de vida.

La cifra más contundente —59.1% de rechazo a la continuidad del actual alcalde— no es un dato aislado. Se suma a mediciones previas que ya anticipaban un desgaste sostenido. Cuando distintas casas encuestadoras coinciden en tendencias similares, el fenómeno deja de ser coyuntural y se convierte en síntoma estructural de crisis política local.

El factor seguridad: la herida abierta del municipio.

Más allá de la disputa partidista, el elemento que atraviesa el malestar social es la percepción creciente de inseguridad. En la conversación pública cotidiana de Texcoco, los temas de robos, violencia y sensación de abandono institucional han ganado terreno sobre cualquier narrativa oficial.

El problema no es únicamente estadístico, sino emocional y simbólico: cuando una comunidad percibe que sus espacios públicos se deterioran y que la autoridad pierde capacidad de respuesta, el voto deja de ser ideológico y se vuelve reactivo. La seguridad se transforma entonces en el principal termómetro del desempeño gubernamental.

En este contexto, el señalamiento constante a baches, falta de mantenimiento urbano y servicios deficientes no es menor. Son expresiones visibles de una percepción más profunda: la idea de que el gobierno perdió cercanía con la vida diaria de la gente.


Desconfianza institucional y desgaste acumulado.

El dato de que hasta 77.7% de la población manifieste desconfianza hacia la administración municipal refleja algo más que una evaluación negativa; evidencia una ruptura en la legitimidad política. Cuando la confianza cae por debajo de la mitad del electorado, las estrategias tradicionales de comunicación ya no alcanzan para revertir la tendencia.

El desgaste no parece derivar únicamente de decisiones recientes, sino de una acumulación de expectativas incumplidas. Texcoco fue durante años un bastión político con fuerte identidad partidista; sin embargo, los bastiones también se erosionan cuando la ciudadanía comienza a evaluar desde la experiencia cotidiana y no desde la lealtad histórica.


La paradoja de la no reelección: un debate que redefine el escenario.

La postura de Morena Estado de México sobre la no reelección introduce una variable adicional al análisis. Paradójicamente, una decisión interna del propio movimiento puede convertirse en el mecanismo que evite que el rechazo ciudadano se traduzca en una contienda interna más polarizada.

A nivel nacional, la narrativa impulsada por la presidenta Claudia Sheinbaum contra la reelección consecutiva coloca a Texcoco en un escenario simbólico: el municipio que durante años fue referencia política ahora aparece como laboratorio de desgaste electoral.


El mensaje político es claro: incluso en territorios considerados seguros, la evaluación ciudadana pesa más que la identidad partidista.


2027: más que una elección, una redefinición del liderazgo local.


Lo que muestran las encuestas no es necesariamente un cambio automático de preferencias políticas, sino un vacío de representación. La ciudadanía parece enviar una señal doble: rechazo al modelo actual de gobierno y búsqueda de alternativas que conecten con las preocupaciones reales del municipio.

Texcoco entra así en una etapa de transición política donde la seguridad pública, la transparencia administrativa y la recuperación del espacio urbano serán los ejes centrales del debate rumbo a 2027.

Porque cuando el desgaste deja de ser un tema de adversarios y se convierte en conversación ciudadana, el escenario ya no se define desde las estructuras partidistas, sino desde la capacidad de construir confianza en un municipio que hoy exige respuestas, no discursos.


martes, 10 de febrero de 2026

DERECHO DE REPLICA: "EN TEXCOCO NO FALTA OPOSICIÓN, SOBRA ABUSO DE PODER"... POR MTRA. JESSICA AGUILAR.





Una precisión necesaria al diagnóstico sobre la oposición en Texcoco.


El artículo de CONTRAPAPEL acierta al identificar el desgaste del actual gobierno municipal y el hartazgo ciudadano frente al modelo morenista en Texcoco. Sin embargo, incurre en una simplificación riesgosa cuando concluye que la oposición no existe o es meramente testimonial. La realidad es más compleja y exige matices.


Primero. Sí existe oposición en Texcoco.

Lo que no existe es una competencia en condiciones de equidad. Morena gobierna con una ventaja estructural: recursos públicos, control institucional, logística permanente y una maquinaria financiada directa o indirectamente desde el poder. Frente a ello, fuerzas como Movimiento Ciudadano no cuentan con recursos para recorridos diarios, brigadas permanentes, gasolina, viáticos ni operación territorial masiva. La ausencia de despliegue constante no es falta de oposición; es falta de dinero público, que no debería confundirse con falta de proyecto o presencia política.

Segundo. El voto diferenciado de 2024 demuestra que sí hay una alternativa reconocida.
El artículo omite un dato clave: el crecimiento del voto naranja no fue casual. Se trató de un voto diferenciado, impulsado por redes sociales, redes ciudadanas y, sobre todo, por el perfil de una candidata con más de 20 años de trabajo público y social en Texcoco. No fue una figura improvisada ni desconocida. Su presencia en actividades académicas, jurídicas, sociales y comunitarias explica por qué, aun sin estructura ni recursos, logró posicionarse como opción real para un sector amplio del electorado.


Tercero. La ausencia territorial también es consecuencia del acoso político.
Desde antes de la campaña y hasta hoy, se ha documentado una estrategia sistemática de hostigamiento, amenazas y restricciones administrativasimpulsadas desde el poder municipal. El bando municipal utilizado para limitar la libre difusión política no solo inhibe el volanteo y la propaganda, sino que envía un mensaje claro: quien se oponga, será vigilado o sancionado. En ese contexto, no es desinterés ciudadano lo que limita la participación, sino miedo fundado a represalias.

Cuarto. Sí existió un proyecto de gobierno serio y técnicamente diseñado.
Contrario a lo que sugiere el texto, durante la campaña sí se presentó un proyecto de opinión y de gobierno con ejes claros, construido por especialistas y profesionistas texcocanos, enfocado en seguridad, desarrollo social, orden administrativo y crecimiento económico. No fueron ocurrencias ni discursos vacíos. El problema no fue la inexistencia del proyecto, sino la imposibilidad material de difundirlo ampliamente: medios condicionados, entrevistas bajadas por presión política y periodistas amenazados con perder convenios o pagos municipales si daban espacio a la candidata de oposición.



Quinto. La narrativa del “territorio vacío” ignora el contexto de miedo ciudadano.
El artículo reconoce el hartazgo, pero no profundiza en una razón central de la apatía: la gente no participa ni defiende el voto porque teme represalias. Temen clausuras arbitrarias, pérdida de licencias, inspecciones selectivas o exclusión de programas. No es indiferencia democrática; es una ciudadanía que desconfía porque el poder se ha ejercido sin respeto a la ley. Paradójicamente, cuando se conocen los derechos y se cumple con la normatividad —como ocurre con quienes sí han resistido desde la oposición—, las amenazas se diluyen, evidenciando que el control se sostiene en la desinformación.

El fondo del problema no es la inexistencia de oposición, sino la desigualdad del terreno político. Texcoco no enfrenta una falta de alternativas, sino un modelo de gobierno que utiliza el aparato municipal para inhibirlas. Reducir el debate a que “la oposición no despega” invisibiliza las condiciones autoritarias, el uso discrecional del poder y la censura indirecta que explican por qué el descontento aún no se traduce en alternancia.

La oportunidad de 2027 no depende de inventar una oposición, sino de permitir que compita en libertad.
Cuando existan condiciones reales de legalidad, equidad y libre expresión, el descontento dejará de ser silencioso. Porque Texcoco no está huérfano de opciones: está saturado de obstáculos para que esas opciones se expresen. Y eso, más que una debilidad opositora, es una alerta democrática.