miércoles, 18 de marzo de 2026

Multar no es gobernar: Un gobierno que apuesta por sancionar antes que prevenir, por cobrar antes que corregir, termina administrando conflictos en lugar de solucionarlos por Mtra. Jessica Aguilar


En Texcoco hay una realidad que se vive todos los días, pero que pocas veces se dice con claridad: el orden público se ha reducido a una lógica simple —quien se equivoca, paga—, aunque ese “error” muchas veces sea consecuencia de un problema que el propio gobierno no ha resuelto.

El Bando Municipal 2026 establece sanciones administrativas para conductas que afectan la convivencia social. En teoría, es una herramienta necesaria. En la práctica, se ha convertido en un instrumento que castiga más de lo que corrige.

Basta revisar algunas de las multas más comunes. Orinar o defecar en la vía pública puede costar entre 5 y 20 UMAs, es decir, aproximadamente entre 540 y 2,170 pesos, además de arresto administrativo. Tirar o acumular basura eleva la sanción a entre 20 y 40 UMAs, lo que equivale a más de 4,000 pesos, con posibilidad de arresto. Beber alcohol en la calle, una conducta frecuente en espacios sin regulación adecuada, puede alcanzar hasta 30 UMAs, superando los 3,000 pesos.

Las cifras son claras. Pero la pregunta de fondo no es cuánto se cobra, sino por qué se cobra.

¿De verdad creemos que una persona orina en la calle por gusto, o porque no hay baños públicos suficientes?

¿Que la basura aparece por falta de conciencia, o por deficiencias en el sistema de recolección?

¿Que el consumo en vía pública es el problema, o la ausencia de espacios adecuados para la convivencia?

El Bando responde a la consecuencia, pero ignora la causa. Ahí es donde comienza la distorsión. Porque cuando el gobierno deja de resolver problemas estructurales y opta por sancionar a quien los enfrenta, el orden público se convierte en una forma de recaudación.

Y hay algo más preocupante: las multas son iguales para todos, pero no todos viven en las mismas condiciones. Una sanción de dos mil pesos puede ser menor para algunos, pero para otros representa el ingreso de varios días. Sin embargo, el sistema no distingue, no pondera, no equilibra. Solo cobra.

A esto se suma la discrecionalidad. El juez cívico tiene la facultad de determinar el tipo de sanción y el monto dentro de ciertos rangos. En teoría, eso permite flexibilidad; en la práctica, abre la puerta a criterios desiguales, decisiones arbitrarias y, en el peor de los casos, abusos.

Así, el ciudadano queda en una posición incómoda: obligado a cumplir reglas que no siempre parten de una realidad resuelta, y expuesto a sanciones que no siempre son proporcionales.

Comparativo: multas administrativas Texcoco 2025 vs 2026

 

Falta administrativa

Bando 2025

Bando 2026

Variación real

 

Orinar / defecar en vía pública

 

 

5 a 15 UMA

5 a 20 UMA

Aumento en el tope

Tirar o acumular basura

10 a 30 UMA

20 a 40 UMA

Incremento considerable

Beber alcohol en vía pública

10 a 25 UMA

10 a 30 UMA

Aumento leve

Conductas insalubres (animales, higiene)

5 a 15 UMA

5 a 20 UMA

Mayor rango sancionador

Contaminación de agua o espacios públicos

 

 

 

20 a 30 UMA

20 a 40 UMA

Endurecimiento

Arresto administrativo

Hasta 36 horas

Se mantiene

Sin cambio

 

 











Lo que revela el comparativo:

El dato es contundente:

👉 Las multas no disminuyeron… aumentaron.

👉 El enfoque no cambió… se endureció.

No hay evidencia de:

  • mayor prevención
  • mejor infraestructura
  • políticas públicas complementarias

Pero sí hay evidencia de:

  • mayor carga económica
  • ampliación de rangos sancionadores
  • fortalecimiento del modelo punitivo

El problema no es que existan multas. El problema es que se han convertido en el eje de la política pública en materia de convivencia. Un gobierno que apuesta por sancionar antes que prevenir, por cobrar antes que corregir, termina administrando conflictos en lugar de solucionarlos.

Texcoco merece algo distinto. Un modelo donde las faltas menores no se castiguen automáticamente con dinero, sino con trabajo comunitario; donde las sanciones sean proporcionales al ingreso; donde exista un sistema transparente que elimine la discrecionalidad; y, sobre todo, donde la prioridad sea prevenir las conductas antes que castigarlas.

¡Porque gobernar no es reaccionar a los problemas. Es evitarlos!.



domingo, 8 de marzo de 2026

Movimiento Ciudadano en Texcoco enfrenta tensiones internas tras su crecimiento electoral en 2024. Pero la verdadera lucha política no está dentro del partido: está en construir una alternativa frente al sistema de poder que ha dominado el municipio durante décadas. Por Mtra. Jessica Aguilar




El crecimiento electoral de Movimiento Ciudadano en 2024 abrió disputas internas, ambiciones prematuras y tensiones por el liderazgo. Pero la verdadera batalla política no está dentro del partido, sino en construir una alternativa real frente al sistema de poder que ha dominado Texcoco durante décadas.

En política local hay momentos que revelan con claridad quién está concentrado en construir un proyecto y quién está distraído disputando espacios.

Eso es lo que hoy ocurre en Movimiento Ciudadano en Texcoco.

Después de la elección de 2024, el partido obtuvo la segunda votación más alta de su historia en el municipio. La primera fue con Delfina Gómez en el 2012. Ese dato no es menor. Refleja que por primera vez Movimiento Ciudadano logró colocarse como una fuerza con presencia real en la conversación pública local.

Pero ese crecimiento también detonó una reacción predecible: la ambición interna apareció antes de que existiera una estructura sólida que la sostuviera.

Un resultado electoral inédito

Si se revisa el histórico electoral del partido en Texcoco, queda claro que Movimiento Ciudadano tenía más de doce años sin obtener el nivel de votación obtenido en 2024.

Ese resultado no fue producto de una maquinaria territorial consolidada ni de una estructura partidista fuerte. Fue, sobre todo, el resultado de una candidatura visible, de una narrativa política clara y de una campaña que logró abrirse paso en un municipio donde el poder ha permanecido durante décadas en los mismos grupos.

Hay que decirlo con objetividad: la votación fue más del candidato que del partido Y, DE UN EQUIPO QUE HA RESPALDADO Y SIGUE RESPALDANDO SU POSICIÓN. ASIMISMO, DE GENTE QUE HA CREIDO EN UN PROYECTO NO ESPONTÁNEO SINO DE AÑOS. 

Y eso no debería ofender a nadie; debería servir para entender el punto de partida real. Porque una cosa es crecer electoralmente en una campaña y otra muy distinta construir un partido competitivo, disciplinado y con visión de largo plazo.

El conflicto después del crecimiento.

Una vez que Movimiento Ciudadano logró sobresalir electoralmente, comenzaron las disputas internas por encabezar su liderazgo. Y esas tensiones no surgieron solo de integrantes formales del partido, sino también de actores externos o cercanos que vieron en ese crecimiento una oportunidad de posicionamiento personal.

Una de las versiones que se impulsaron desde ciertos grupos fue la idea de que, por la cercanía visual de algunas bardas durante la campaña con propaganda de otro candidato, existía un supuesto acuerdo político. Sin embargo, nunca se presentó una sola prueba seria que sostuviera esa acusación.

Lo que sí hubo fue molestia, frustración y enojo por resultados electorales que no correspondieron a las expectativas de algunos actores. En política, cuando el ego queda por debajo de la realidad de las urnas, con frecuencia aparecen las explicaciones fáciles.

Pero la política seria no se construye con insinuaciones. Se construye con evidencia, estrategia y trabajo. 

Las rupturas por posiciones.

También, surgieron diferencias derivadas de aspiraciones personales que no fueron satisfechas. Algunas inconformidades nacieron de la expectativa de obtener espacios específicos de representación dentro de la planilla. Cuando esas aspiraciones no se concretaron, vino una nueva ruptura.

Ese tipo de episodios retrata un problema de fondo: hay quienes conciben al partido como un espacio para repartir posiciones, no como un instrumento para construir una alternativa política real.

Y cuando las decisiones no se toman en función de intereses personales o familiares, sino con base en criterios políticos y de congruencia, el descontento de algunos se transforma rápidamente en conflicto interno.

ES INMADUREZ POLÍTICA PELEAR POR UN LIDERAZGO, HACE PERDER TIEMPO Y DISTRAE DEL OBJETIVO REAL.  


El oportunismo como riesgo interno.

A ello se suma un fenómeno todavía más delicado: hay personas dentro de Movimiento Ciudadano que, en los hechos, operan para proyectos políticos ajenos.

No están construyendo partido. No están fortaleciendo una ruta propia para Texcoco. Están utilizando la plataforma naranja como vehículo temporal para posicionar a un liderazgo local que pretende obtener una candidatura, pese a no haber consolidado un proyecto serio, una base auténtica ni una propuesta clara para el municipio.

Eso debe decirse con claridad: usar un partido en crecimiento como trampolín personal no es estrategia política; es oportunismo.

Y el oportunismo tiene una lógica muy simple: acercarse a la plataforma que hoy tiene visibilidad, sin haber hecho antes el trabajo de construir comunidad, identidad, causa o proyecto.

Un partido que apenas comienza a crecer no puede darse el lujo de convertirse en refugio de quienes no tienen convicción, pero sí ambición.

La realidad estructural de Movimiento Ciudadano en Texcoco.

Más allá de nombres y diferencias, la realidad es objetiva. Movimiento Ciudadano en Texcoco aún no es una fuerza consolidada.

Hoy no existe una estructura territorial robusta en todo el municipio. No hay presupuesto suficiente para una operación política permanente. No existen cargos internos verdaderamente institucionalizados con reconocimiento pleno por parte de la dirigencia estatal. Muchas comisiones ni siquiera están consolidadas en funciones reales. No hay remuneración ni aparato estable. Y, además, la preferencia electoral del partido en el municipio ni siquiera rebasa con claridad el 12%.

Eso significa una sola cosa: hay muchísimo más trabajo por hacer del que algunos quieren admitir.

Por eso resulta absurdo desgastarse en disputas por cargos imaginarios, reconocimientos precarios o supuestas cuotas de poder dentro de una estructura todavía incipiente.

La diferencia entre ambición y liderazgo.

Los liderazgos no se forman por la inmediatez de una elección. No nacen por haber aparecido unos meses en campaña. No se consolidan por proclamarse internamente. No se imponen por enojo.

Los liderazgos reales se construyen con trabajo diario, con formación, con estudio, con claridad de postura, con presencia pública, con capacidad para resistir presión y con disposición para dar la cara. Porque dar la cara en política no es sencillo.

Implica enfrentar violencia, descalificación, agresión, furia burocrática y el peso de un aparato político que hoy sigue siendo hegemónico en el municipio. Encabezar una postura crítica tiene costos. Tiene riesgos. Tiene consecuencias.

Y precisamente por eso resulta tan cómodo para algunos resumir todo en una frase vacía: “se vendió”. Venderse tiene resultados y no se ganó. 

Pero esa frase se cae sola cuando se confronta con la realidad. Si hubiera habido acuerdos con el poder, tendrían manifestaciones concretas: posiciones de gobierno, nóminas, operadores incrustados, beneficios visibles, estructuras compartidas. Nada de eso existe.

Porque no hay acuerdo. Lo que sí hay es frustración de quienes no pudieron convertir una campaña en patrimonio personal. Para quienes construimos nuestro patrimonio personal con trabajo el dinero no te compra. 

La verdadera lucha política.

Quiero decirlo con claridad: la disputa interna no me preocupa. No me define. No me distrae. No es mi prioridad. Porque tengo absolutamente claro con quién es la verdadera lucha política y electoral. 

La competencia real no está dentro de Movimiento Ciudadano. No está en quienes pelean por regidurías, cargos simbólicos o cuotas internas. No está en quienes creen que encabezar un partido se reduce a controlar una mesa o administrar un grupo.

La verdadera lucha está frente a un sistema de poder que ha gobernado Texcoco durante décadas, que ha concentrado estructuras, recursos, narrativas y presencia institucional. Ese es el adversario político real.

Mientras algunos siguen enfrascados en una guerra interna pequeña, yo tengo claro que la disputa de fondo es mucho más grande: construir una alternativa seria para Texcoco.

Mi origen y mi convicción.

Mi compromiso con Texcoco no nació en 2024 ni depende de una coyuntura electoral. Amo Texcoco porque lo conozco, porque lo vivo y porque lo traigo en la sangre.

Por eso tengo claro que la política no puede reducirse a la pelea por una candidatura o una posición interna. La política, cuando se asume con seriedad, es una responsabilidad con la historia, con la comunidad y con el futuro.

Movimiento Ciudadano en Texcoco enfrenta una disyuntiva.

Puede convertirse en una fuerza política real, con identidad, trabajo territorial y visión de largo plazo. O puede perderse en ambiciones prematuras, conflictos internos y oportunismos disfrazados de militancia.

Yo tengo claro mi camino.

No estoy aquí para disputar un partido.

No estoy aquí para administrar pequeñas ambiciones.

No estoy aquí para pelear por cargos imaginarios. Ojalá todos lo tuvieran claro. 

Estoy aquí para realizar un proyecto de desarrollo y crecimiento por Texcoco. Y esa lucha no se gana en la intriga interna. Se gana con trabajo, con claridad, con convicción. 

Mientras algunos usan al partido como escalón, yo tengo claro que la verdadera lucha es hacer un cambio en la estructura política vieja que hoy gobierna y, que tiene a Texcoco con acribillados, asaltos e inseguridad”. 







lunes, 2 de marzo de 2026

"CRÓNICA DE UNA MUERTE ANUNCIADA DEL GRUPO POLÍTICO DE HIGINIO MARTÍNEZ EN TEXCOCO" POR MTRA. JESSICA AGUILAR.


Texcoco ha sido gobernado por el mismo grupo político durante más de treinta años. Han cambiado los partidos y los colores, pero no las estructuras de poder. Las encuestas recientes muestran que más del 59% de la población rechaza la continuidad del actual gobierno municipal. 

El municipio mantiene indicadores preocupantes:
- Más del 57% de la población en pobreza extrema o moderada.
- Más de 173,000 personas en condición de rezago social.
- 48% de ciudadanos que considera frecuente la corrupción en el gobierno municipal.
- 143,600 personas con carencias en acceso al agua.
- Índice de Gobierno Abierto por debajo de la media estatal.

Treinta años de continuidad debieron consolidar resultados sólidos. Sin embargo, lo que se consolidó fue una estructura política, no un modelo eficiente de gobierno. La concentración prolongada del poder genera falta de competencia, debilitamiento de contrapesos y una administración orientada a preservar el grupo político antes que a resolver los problemas ciudadanos. El hartazgo social es resultado de experiencias cotidianas relacionadas con inseguridad, servicios públicos deficientes y percepción de opacidad administrativa.

El desgaste político en Texcoco no es producto de una coyuntura electoral aislada. Es consecuencia de la permanencia prolongada de un mismo grupo en el poder durante más de tres décadas. Aunque hayan cambiado partidos, colores o narrativas, las estructuras de decisión se han mantenido bajo los mismos círculos políticos. Es preciso hacer hincapié en factores como: 

1. FATIGA DE PODER Y AUSENCIA DE ALTERNANCIA REAL

Cuando un grupo gobierna durante décadas se genera percepción de monopolio político. La ciudadanía comienza a identificar reciclaje de perfiles, concentración de oportunidades y decisiones tomadas en círculos cerrados. La alternancia formal no ha significado alternancia estructural.

 2. CONCENTRACIÓN ADMINISTRATIVA Y PRESUPUESTAL

La continuidad prolongada permite consolidar redes internas de toma de decisiones, operadores políticos permanentes y control de estructuras partidistas y administrativas. Con el tiempo, la prioridad deja de ser transformar y pasa a ser conservar el control político.

3. RESULTADOS SOCIALES INSUFICIENTES

Más del 57% de la población se encuentra en situación de pobreza extrema o moderada. Más de 173 mil personas presentan rezago social significativo. Existen carencias relevantes en seguridad social, servicios de salud y acceso al agua. Estos indicadores no corresponden a un municipio con más de treinta años bajo la misma conducción política.

4. INSEGURIDAD COMO FACTOR DE DESGASTE

La percepción de inseguridad impacta directamente en la evaluación ciudadana. Cuando la experiencia cotidiana refleja robos, violencia o falta de respuesta institucional, la confianza se erosiona independientemente del discurso oficial.

5. DESCONEXIÓN GENERACIONAL

Texcoco cuenta con una población joven significativa que no vota por lealtades históricas sino por resultados. Las nuevas generaciones demandan transparencia, movilidad eficiente, oportunidades laborales y modernización institucional.

El desgaste político responde a una combinación de permanencia prolongada, concentración del poder, problemas sociales persistentes y percepción de inseguridad. Texcoco enfrenta el agotamiento de un modelo político extendido en el tiempo que requiere renovación institucional profunda.

LA PROPUESTA ESTRATÉGICA DE TRANSFORMACIÓN PARA TEXCOCO DEBERÍA SER: 


1. Seguridad con estrategia y tecnología:
- Profesionalización policial con evaluación pública de desempeño.
- Plataforma digital de incidencia delictiva abierta y actualizada.
- Recuperación de espacios públicos e iluminación estratégica.
- Coordinación metropolitana efectiva en materia de seguridad.

2. Gobierno abierto y rendición de cuentas:
- Presupuesto municipal 100% transparente y accesible en línea.
- Licitaciones públicas transmitidas y auditadas.
- Observatorio ciudadano independiente.
- Eliminación de prácticas clientelares.

3. Desarrollo económico y social sostenible:
- Programa de formalización y fortalecimiento a pequeños comercios.
- Plan integral hídrico con metas medibles.
- Impulso al turismo cultural para ampliar derrama económica.
- Estrategia de movilidad para reducir traslados mayores a dos horas.
- Programa de reducción de brecha digital y acceso a tecnología.

Texcoco requiere alternancia real y rediseño institucional. No se trata de cambiar colores, sino de cambiar la lógica del poder. La elección próxima no debe centrarse en identidades partidistas, sino en capacidad de gestión, transparencia y resultados medibles. Texcoco enfrenta una oportunidad histórica para sustituir un modelo de concentración prolongada por un gobierno ciudadano, moderno y competitivo.