El reciente artículo publicado por Contrapapel sobre la encuesta de Rubrum no solo revela números; expone una narrativa política que se ha venido construyendo desde hace meses en Texcoco: el progresivo distanciamiento entre el gobierno municipal y una ciudadanía que exige resultados concretos en seguridad, servicios públicos y calidad de vida.
La cifra más contundente —59.1% de rechazo a la continuidad del actual alcalde— no es un dato aislado. Se suma a mediciones previas que ya anticipaban un desgaste sostenido. Cuando distintas casas encuestadoras coinciden en tendencias similares, el fenómeno deja de ser coyuntural y se convierte en síntoma estructural de crisis política local.
El factor seguridad: la herida abierta del municipio.
Más allá de la disputa partidista, el elemento que atraviesa el malestar social es la percepción creciente de inseguridad. En la conversación pública cotidiana de Texcoco, los temas de robos, violencia y sensación de abandono institucional han ganado terreno sobre cualquier narrativa oficial.
El problema no es únicamente estadístico, sino emocional y simbólico: cuando una comunidad percibe que sus espacios públicos se deterioran y que la autoridad pierde capacidad de respuesta, el voto deja de ser ideológico y se vuelve reactivo. La seguridad se transforma entonces en el principal termómetro del desempeño gubernamental.
En este contexto, el señalamiento constante a baches, falta de mantenimiento urbano y servicios deficientes no es menor. Son expresiones visibles de una percepción más profunda: la idea de que el gobierno perdió cercanía con la vida diaria de la gente.
Desconfianza institucional y desgaste acumulado.
El dato de que hasta 77.7% de la población manifieste desconfianza hacia la administración municipal refleja algo más que una evaluación negativa; evidencia una ruptura en la legitimidad política. Cuando la confianza cae por debajo de la mitad del electorado, las estrategias tradicionales de comunicación ya no alcanzan para revertir la tendencia.
El desgaste no parece derivar únicamente de decisiones recientes, sino de una acumulación de expectativas incumplidas. Texcoco fue durante años un bastión político con fuerte identidad partidista; sin embargo, los bastiones también se erosionan cuando la ciudadanía comienza a evaluar desde la experiencia cotidiana y no desde la lealtad histórica.
La paradoja de la no reelección: un debate que redefine el escenario.
La postura de Morena Estado de México sobre la no reelección introduce una variable adicional al análisis. Paradójicamente, una decisión interna del propio movimiento puede convertirse en el mecanismo que evite que el rechazo ciudadano se traduzca en una contienda interna más polarizada.
A nivel nacional, la narrativa impulsada por la presidenta Claudia Sheinbaum contra la reelección consecutiva coloca a Texcoco en un escenario simbólico: el municipio que durante años fue referencia política ahora aparece como laboratorio de desgaste electoral.
El mensaje político es claro: incluso en territorios considerados seguros, la evaluación ciudadana pesa más que la identidad partidista.
2027: más que una elección, una redefinición del liderazgo local.
Lo que muestran las encuestas no es necesariamente un cambio automático de preferencias políticas, sino un vacío de representación. La ciudadanía parece enviar una señal doble: rechazo al modelo actual de gobierno y búsqueda de alternativas que conecten con las preocupaciones reales del municipio.
Texcoco entra así en una etapa de transición política donde la seguridad pública, la transparencia administrativa y la recuperación del espacio urbano serán los ejes centrales del debate rumbo a 2027.
Porque cuando el desgaste deja de ser un tema de adversarios y se convierte en conversación ciudadana, el escenario ya no se define desde las estructuras partidistas, sino desde la capacidad de construir confianza en un municipio que hoy exige respuestas, no discursos.

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